Marco Fernández · Zapopan
Diseño e instalo los sistemas que hacen ese trabajo sin que nadie tenga que acordarse. Y cuando lo que necesitas no existe de fábrica, lo desarrollo.
Ejemplos · Un martes cualquiera
Así se ve un día con el sistema puesto. Ninguna de estas cuatro necesitó que alguien se acordara.
Escenarios ilustrativos de lo que resuelve el sistema, construidos a partir de los procesos que se automatizan en cada giro.
Recepción llega a las diez. Quien pregunta no espera tres horas: le escribe a otros dos consultorios y se queda con el que conteste primero.
Si el agente no habla primero, el cliente se entera por la carta y llama molesto. Eso ya no es una renovación, es un pleito.
No dijeron que no, dijeron que lo iban a pensar. El asesor tuvo cuatro visitas más esa semana y nunca les volvió a escribir. No por flojera: porque a nadie le tocaba acordarse.
O el dueño se levanta a contestar, o el cliente amanece sin respuesta y se corta el pelo en otro lado.
Qué hago
Cuatro frentes que se pueden tomar por separado o como sistema. Se empieza por donde más duele.
Lo que hoy depende de que alguien conteste, se acuerde o capture a mano, pasa a hacerse solo — con la misma calidad a las tres de la tarde que a medianoche.
Sitio, redes y ficha de Google trabajando juntos para que te encuentren, te crean y te escriban — no solo para que existas.
Embudos, campañas en Meta y contenido con IA para que entre gente nueva de forma constante, no solo cuando alguien recomienda.
Cuando ninguna herramienta hace lo que tu operación necesita, se construye. Cinco años de ingeniería de software es la diferencia entre configurar una plantilla y resolver tu caso.
Cómo funciona
Me cuentas cómo trabajas hoy. Salgo con un mapa de qué se puede quitar de encima y qué conviene dejar como está.
Yo monto, conecto y pruebo todo. Tú revisas cuando ya está funcionando, no antes.
Queda corriendo y yo me encargo del mantenimiento y los ajustes. Tú vuelves a lo tuyo.
Quién está detrás
Ingeniero en desarrollo de software con cinco años de experiencia. Trabajo con negocios que ya funcionan pero pierden tiempo y clientes en tareas que una máquina hace mejor.
No vendo una plataforma ni configuro plantillas: diseño el sistema que tu operación necesita y, si hace falta escribir código para que exista, lo escribo. Cada proyecto lo llevo yo, de principio a fin.
Antes de agendar
No. Yo instalo, conecto y pruebo todo. Tú lo ves cuando ya está funcionando, y de ahí en adelante lo único que haces es atender a los clientes que entran.
Depende del alcance, pero lo normal son unos días. Si el sistema va conectado a WhatsApp, el número necesita prepararse antes de conectarle nada — si se hace de golpe, Meta lo bloquea y el negocio se queda sin su herramienta de trabajo. Ese paso lo hago yo y es parte del arranque.
Si tu negocio depende de que alguien conteste, agende o se acuerde de dar seguimiento, sirve. Consultorios, barberías, spas, inmobiliarias, agencias de seguros, tiendas. En la llamada de veinte minutos te digo si aplica a tu caso, y si no aplica también te lo digo.
Sí, a propósito. Las herramientas se contratan con tus datos y tu tarjeta: ves exactamente lo que cuestan, sin intermediarios, y tu sistema no queda amarrado a mí.
Depende de qué se automatice y de qué tan grande sea la operación. Prefiero verlo en la llamada y darte un número que aplique a tu caso, en vez de un precio de lista que no significa nada.
Me cuentas cómo trabajas hoy y te digo qué parte se puede automatizar y cuál no vale la pena tocar. Si no hay nada que valga la pena, también te lo digo.
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